Publicado en Club de Internet 2009_10

FESTEJOS POPULARES DE ZAMORA

ROMERÍAS:

El mes de Mayo, es tiempo de romerías; todas ellas de larga tradición y animada participación popular. La primera que se celebra, la del Cristo de Valderrey,

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Sol y roscas en Zamora para el Cristo de Valderrey

tiene lugar en los alrededores de la ciudad, procesionándose en el bosque de Valorio la Virgen de la Guía. Pero, la más popular y oficial de Zamora, es la Romería de La Hiniesta,

VIRGEN DE LA CONCHA (  PATRONA DE ZAMORA  )                            Resultado de imagen de romerias zamora 2017 imagenes

La romería zamorana a La Hiniesta cumple 725 años con miles de asistentes…

que se celebra el lunes de Pentecostés; en ella la Virgen de la Concha y su hijo son llevados en procesión hasta el vecino pueblo de La  Hiniesta, donde se venera a la Virgen de este nombre. Al encontrarse las dos imágenes, tiene lugar el tradicional “Baile de los Pendones”.
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Los alcaldes de ambas localidades intercambian sus bastones de mando y los ciudadanos confraternizan en el popular y atractivo bosque de Valorio.

Siete siglos de tradición sustentan a esta fiesta, que tiene sus orígenes en la talla de la Virgen que encontró, en el lugar que hoy ocupa la localidad de La Hiniesta, el rey Sancho IV cuando se hallaba de caza. La Virgen fue llevada a Zamora y allí permaneció, el tiempo que se tardó en construir la grandiosa iglesia en su honor, por mandato del rey. La Virgen de la Concha, en cuyo templo había sido depositada la de La Hiniesta, acompañó a ésta hasta su nueva casa el día de la inauguración y desde entonces, cada año, repite su visita.

Iglesia de San Antolín en Zamora

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La romería dura todo el día hasta que, ya al atardecer, regresa la Virgen y su hijo por los campos floridos hasta la iglesia de San Antolín, la cual envuelta en tomillo y romero los recibe entre repiques y cohetes.

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Frente a estas fiestas propiamente religiosas, al comienzo del verano, la ciudad se llena de bullicio y alegría con las Ferias de San Pedro; tiempos atrás tenían primordialmente acento agrícola pero hoy, sin embargo, van teniendo cada vez más marcado ambiente urbano. El 29 de junio, la provincia entera y otras gentes que llegan del exterior, acuden atraídas principalmente por dos acontecimientos que dan carácter a estas fiestas, desde tiempos lejanos. Un olor inconfundible se adueña por entero de la ciudad; comienza la

Feria de Ajos:

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, en la que miles de ristras, escrupulosamente trenzadas, inundan la Avenida de las Tres Cruces convirtiéndola en un enorme expositor y en la que se realizan importantes transacciones comerciales en animada concurrencia de público, pues es tradición proveerse de ajos para todo el año. Pero, si el ajo es protagonista indiscutible de las ferias,la cerámica no lo es menos.

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La  Plaza de Viriato y sus aledaños ofrecen su espacio para llenarse de múltiples formas de barro cocido. Tanto la cerámica popular o alfarería como la artística y de nuevas tendencias, se dan cita cada año en Zamora, congregando a los alfareros más importantes del país, con presencia además de portugueses e iberoamericanos, convirtiéndola de este modo en una de las más importantes de toda España.

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PLAZA DE ACHO(LIMA)

La Plaza de Toros de Acho

LA HISTORIA DE LA PLAZA DE TOROS DE LIMA “PLAZA DE ACHO”

La Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho” se remonta al sábado 22 de febrero de 1762, cuando los habitantes de la ciudad de Lima con una corrida de toros celebró jubilosamente la llegada del Virrey don Manuel Amat y Juniet en los terrenos denominados del Acho (HAACHO es una palabra castellana que significaba “parte alta” Desde donde se ve el mar y  llegar las embarcaciones al puerto del Callao). Este fue el primer intento de establecer un lugar especialmente construido para las celebraciones de las corridas de toros en Lima. Es necesario recordar que la influencia que ejerció sobre el Virrey Amat y Juniet la mestiza Micaela Villegas ó  Miquita (nombre de cariño le decían sus familiares) Villegas “La Perricholi” y como no se ha investigado detenidamente su vida, posiblemente se ignore lo mucho que a favor de Lima hiciera ésta cortesana nacida en Lima y criada en Huánuco (confusión o no sobre su nacimiento, y que no es tema taurino que nos interese más allá de la historia). Es pues muy posible que a ella se le deban muchas de las obras que el virrey catalán realizó en la ciudad limeña (específicamente en el barrio del Rímac, donde geográficamente está edificada la Plaza de Toros de Acho) .Entre las obras realizadas por el Virrey Manuel de Amat y Juniet se describen las siguientes: el palacio de la Quinta Presa (casa donde vivió La Perricholi), el Paseo de Aguas (cuenta la historia que el Virrey Amat le pidió a La Perricholi ser su amante y ella le respondió que lo haría cuando él le ponga la Luna a sus pies, al poco tiempo el virrey enamorado, mandó construir una fuente – reservorio de agua – muy pequeño en altura pero amplio en longitud y ancho, por lo que servía de espejo al cielo, y una vez que hubo ‘Luna Llena’ invitó a pasear a La Perricholi, diciéndole que hoy pone la Luna a sus pies), la Alameda de los Descalzos ,(vereda rodeada de jardines con 12 estatuas en mármol de carrara, que simbolizan los doce signos zodiacales), la Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho”

Por el año del 1765 el acaudalado vecino de la ciudad de Cañete, don Agustín Hipólito de Landaburu, se decidió a construir una verdadera plaza de toros firme (hay que recordar que en 1762 ya había una construida de madera en los terrenos de Acho), y para que hiciera las gestiones administrativas ante el virrey Amat, confirió poderes a su cuñado don Juan José Belzunce, quien se traslado a Lima, y en el mismo año de 1765 obtuvo la autorización concediéndole el permiso para la construcción de una plaza de toros firme, también le autorizó el permiso para celebrar ocho corridas de toros cada año, y de la utilidades se deberían entregar una determinada cantidad al Hospicio de los Pobres, que regentaba la Real Junta de Beneficencia. La historia cuenta que al constructor y propietario de la plaza firme de Lima don Agustín Hipólito de Landaburu cuándo se le preguntó ¿a cuánto había ascendido la inversión de la construcción de la Plaza de Toros de Lima?, éste respondió que la construcción había costado 107,609 pesos y 6 reales.
La fecha de inauguración de la Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho” tenía una serie de vacíos históricos, ya que las fuentes de principios de siglo, así como las diversas publicaciones sobre el tema no daban una fecha exacta, pero gracias a las investigaciones realizadas por el doctor Aurelio Miro Quesada Sosa se llegó a determinar que la primera corrida se celebró el 30 de enero de 1766, en la que se lidiaron 16 reses destinadas para los diestros de a pie y a caballo. En el cartel de esta corrida inaugural figuraban los espadas “Pizi”, “Maestro de España” y “Gallipavo”, los tres peruanos. Y el primer toro que pisó el ruedo de Acho para ser lidiado se llamó “Albañil Blanco”, procedente de la hacienda Gómez, ubicada en la localidad de Cañete (sur de Lima), y que según don José Emilio Calmell en uno de sus libros publicados cuyo título es “Diccionario Taurino del Perú”, los ejemplares de esta hacienda cañetana llevaban sobre sus lomos la divisa rosa y caña.
La historia señala que a ésta primera corrida asistió el Virrey don Manuel de Amat y Juniet, y que el festejo se realizó aún pendiente del permiso y autorización del Rey de España Carlos III, que un año más tarde se dio por Real Cédula. El contratista de la plaza don Agustín Hipólito de Landaburu se dedicó a explotar el negocio de organizar corridas de toros con bastante acierto, pues obtenía muy buenas utilidades cada temporada. No lo disfrutó por mucho tiempo, ya que por cláusulas del contrato que le eran desfavorables a él, dejó de dar corridas. A la muerte de don Agustín Hipólito de Landaburu continúo explotando la Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho”, su viuda, la misma que fue asesorada por su hermano don Juan José Belzunce, quien también antes había asesorado al malogrado Landaburu. A la muerte de la viuda de don Agustín Hipólito de Landaburu fue su hijo don Hipólito de Landaburu y Belzunce quien heredó sus cuantiosos bienes, entre ellos la Plaza de Toros de Lima (Plaza de Acho), quien no continúo la labor de sus padres. Al marchar éste a España y luego de ser enviado a Francia, su albacea don Hipólito Unánue se hizo cargo de la plaza de toros.
En el año de 1832 don Hipólito Unánue como albacea de Landaburu y Belzunce dejó como legado testamentario de su patrocinado la Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho” a favor del Hospicio de los Pobres, administrada por la Junta Real de Beneficencia de Lima (actualmente forma parte del patrimonio de Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana, propietaria de la Plaza de Acho), para su explotación a favor de dicho hospicio. La entidad propietaria del coso taurino limeño procedió a sacar a remate la explotación de dicho inmueble, siendo el primer asentista don José Antonio Morote.
La antigua y vieja Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho” sufrió con el correr del tiempo tres grandes modificaciones: la primera se efectúo en 1865, la que fue denominada de “refacción”, con motivo de prepararla para la celebración de su centenario; la segunda y la más importante en 1944, denominada la “remodelación” a cargo de la Sociedad Explotadora de Acho, de común acuerdo con la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima (nombre anterior que llevaba la propietaria del viejo coso rimense) ; y por último las obras realizadas en el año de 1961, a la que se ha denominado de “ampliación” ya que el área de la plaza fue aumentada con los grandes patios de ingreso, formando atrios, pérgolas y explanadas, así como la edificación de un restaurante, dos bares y un Museo Taurino.

La antigua Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho” tenía una capacidad para 6,300 personas y un ruedo con 90 metros de diámetro. Con la remodelación del año 44 la nueva estructura de la Plaza de Acho se ahondó, teniendo el ruedo ahora 60 metros de diámetro, y también se la elevó sobre las mismas columnas (sin modificarlas) columnas conocidas como “machotes” (columnas o contrafuertes) y que se conservan originalmente construidas desde 1765 en barro y caña, ésta vez la nueva capacidad de la plaza se había ampliado aproximadamente para 13,300 personas.

La llamada reinauguración tras la remodelada Plaza de Toros de Lima “Plaza de Acho”, se llevó a cabo el 7 de enero de 1945. El cartel de la tarde inaugural estuvo conformado por los toreros españoles Rafael Ponce “Rafaelillo”, Juan Belmonte Campoy y el torero peruano Adolfo Rojas “El Nene”, que esa tarde recibió la alternativa de matador de toros. Aquella tarde se lidiaron seis toros de la prestigiosa ganadería nacional de “La Viña”, de propiedad de don Víctor Montero, con divisa celeste y blanca.
Es por el año de 1946, y por gestión de don Manuel Solari Sawyne “Zeñó Manué” por intermedio del diario decano “El Comercio” se establece la ‘Temporada de Octubre’, más tarde llamada ‘Feria del Señor de los Milagros’. Esta idea de crear una temporada o feria partió de su antecesor don Fausto Gastañeta en 1942, también desde las páginas del diario “El Comercio” y fiel a sus convicciones don Manuel Solari continúo llevando a cabo, hasta que en 1946 vio luz del anhelo e instauración. A partir de ese momento se inicia una nueva página en la historia taurina del Perú.

La feria limeña se inicia un 12 de octubre de 1946, en el cartel seis toros mejicanos de La Punta, para los diestros Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” (español), Luis Procuna (mejicano) y Alejandro Montani (peruano). Aquella tarde partieron plaza un campero andaluz, un charro mejicano y un chalán peruano. Esta feria por razones políticas en 1948 sólo se redujo a novilladas. Del 1949 al 1951 esta ya prestigiosa y postinera feria se lleva a cabo en la Monumental Plaza de Lima, también conocida como Plaza de Chacra Ríos (hoy es el Coliseo Amauta). Nuevamente desde 1952 hasta nuestros días se realiza en la Bicentenaria Plaza de Toros de Acho. En el año de 1996 se realizaron las corridas conmemorativas por las ‘Bodas de Oro’ con motivo de los 50 años de la Feria del Señor de los Milagros, al igual que en 1946 partió plaza un campero andaluz, un charro mejicano y un chalán peruano, y en el cartel se lidiaron toros mejicanos de Javier Garfias, para los diestros Alejandro Silveti (mejicano), Vicente Barrera (español) y Rafael Gastañeta (peruano).
Un punto importante en la historia taurina del Perú fue el 18 de octubre de 1962, fecha en la que el Museo Taurino de Acho abrió sus puertas al público, en el que se muestran objetos taurinos de gran importancia para la historia taurina nacional. Un año antes se crea el primer Patronato del Museo Taurino para que éste se encargue de la búsqueda de objetos taurinos, los que luego de ser catalogados se exponen a la afición.

Biografía

No se sabe exactamente el lugar, pero según su partida de bautizo, María Micaela Villegas y Hurtado de Mendoza nació en Lima el 28 de setiembre de 1748. Fue la mayor de seis hermanos e hija de Joseph Villegas y Arancibia y de María Teresa Hurtado de Mendoza y de la Cueva.

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Su familia fue de condición humilde y vivieron en un barrio del ahora distrito del Rímac. A pesar de no ser algo común para las mujeres de aquella época, Micaela aprendió a leer y a escribir. Le gustaban las obras de Lope de Vega y Calderón de la Barca, mostrándose muy aficionada y con una enorme vocación por la danza y el canto. Ser actriz tampoco era propio de las mujeres de aquellos años y al cumplir sus 15 primaveras hizo su debut en el Coliseo de Comedias, cuyo dueño de apellido Maza, era un actor muy conocido y empresario teatral, el cual le enseñó el oficio del teatro y siempre la protegió.

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Disfrutaba de lo que hacía y antes de cumplir 20 años se convirtió en la actriz de moda del momento por su gran talento y carisma. Su imaginación y memoria eran brillantes, llenando todos los días el teatro de gente, sólo para oírla y verla recitar romances caballerescos y escenas cómicas. Pronto se hizo famosa, cruzando los límites del Virreynato.

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En esa época llego al Perú el nuevo Virrey Don Manuel Amat y Juniet, un hombre de más de 60 años, con quien inició un romance que duraría 14 largos años. Por ella, Amat realizó muchas construcciones, La Alameda de los Descalzos,  el Palacete de La Quinta de Presa o el Templo de las Nazarenas, que hasta hoy guarda al Señor de los Milagros y de quien ella era muy devota. Dicen que el Paseo de las Aguas fue hecho para ponerle la luna a sus pies, ya que según la tradición, cuando el virrey le declaró su amor, Micaela le respondió que sólo lo aceptaba si ponía la luna a sus pies. Se construyó el Paseo de las Aguas con una amplia fuente en el centro, donde se reflejaba el cielo y durante una noche de luna llena la llevó hasta el borde, cumpliéndole su deseo.

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El apelativo de “Perricholi” también se le atribuye al Virrey, pero hay muchas historias acerca de su significado. La más conocida cuenta que en una de sus muchas peleas, Amat la llamó “Perra chola”, que en su acento catalán sonaba a Perricholi, de ello se enteró toda la sociedad limeña y desde ahí la llamarían de esa forma para humillarla.

A Miquita le gustaba exhibirse con el Virrey y provocar la envidia de la nobleza limeña. No existe ningún retrato de ella, sólo algunas descripciones muy entusiastas como las de José Antonio Lavalle y otras menos favorables como las que hizo Ricardo Palma, pero en lo que si coinciden es que era dueña de mucha gracia y encanto.

En 1769, Micaela y el Virrey tuvieron un hijo al que llamaron Manuel. Cuando el Virrey Amat fue cesado del Perú y vuelve a España le deja una generosa pensión y varias propiedades. Ella se quedó con su hijo y tiempo más tarde se asoció con Vicente Fermín, con quien se casó en 1795, quedando viuda  trece años después .

Sus últimos años de vida vistió el hábito de las Carmelitas y se dedicó a la oración, realizó muchas obras de caridad que hicieron olvidar a los limeños sus escándalos de juventud.

Micaela Villegas fallece en su casa de la Alameda Vieja, a los 71 años, el 16 de mayo de 1819. Sus herederos fueron su hijo Manuel y su nieta mayor Tomasa. Su sepelio se realizó tal como ella lo había pedido, muy sencillo. Fue enterrada en la Iglesia de la Recoleta de San Francisco.

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EL TIGRE. ( POEMA DE WILLIAM BLAKE )

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Tigre, tigre, que te enciendes en luz 

 por los bosques de la noche

¿qué mano inmortal, qué ojo

pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué profundidades distantes,

en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?

¿Con qué alas osó elevarse?

¿Qué mano osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro, y qué arte

pudo tejer la nervadura de tu corazón?

Y al comenzar los latidos de tu corazón,

¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

¿Qué martillo? ¿Qué cadena?

¿En qué horno se templó tu cerebro?

¿En qué yunque?

¿Qué tremendas garras osaron sus mortales terrores dominar?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas

y bañaron los cielos con sus lágrimas

¿sonrió al ver su obra?

Quien hizo al cordero ¿fue quien te hizo?
 
Tigre, tigre, que te enciendes en luz,

por los bosques de la noche

¿qué mano inmortal, qué ojo

osó idear tu terrible simetría?

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William Blake